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sábado, 25 de marzo de 2017

EL PRIMER PRINCIPIO SEGÚN ANAXIMANDRO


EL PRIMER PRINCIPIO

Simplicio, un neoplatónico del siglo VI d. C., recogió una cita de la obra de Teofrasto “Opiniones de los físicos”, y la refiere en su obra In Aristotelis Physica Commentaria (24, 13), DK (12 A 9 y 12 B 1), mil años después de que fuera escrito por Anaximandro de Mileto (610-548 a. C.).  La versión que transcribo es la del libro de Teresa Oñate, El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje al inicio de occidente.

Simplicio, Phys. 24, 13 (DK 12 A 9 y 12 B 1)

“Anaximandro de Mileto […] dijo que el principio y elemento de los entes es lo ilimitado (tò ápeiron), siendo el primero en introducir este nombre para el primer principio. Dice que el primer principio no es el agua ni ningún otro de los llamados elementos, sino alguna naturaleza distinta, ilimitada, de la que nacen todos los cielos y los mundos que hay en ellos. «De donde les llega el nacimiento a los seres, hacia lo mismo les llega también la destrucción «según la necesidad; pues se dan unos a otros justicia y pago por su injusticia según el orden del tiempo», diciéndolo así en términos bastante poéticos”.[1]

CONTEXTO DOCUMENTAL Y JUSTIFICACIONES
“Occidente nace con la filosofía griega, mientras que nuestra memoria-histórica documental se remonta a su primer escrito filosófico como una carta fundacional. Este escrito proviene de la Escuela de Mileto, por lo que sería en esa ciudad costera del Asia Menor donde se localiza la primera huella de nuestra memoria y la cuna de la filosofía”.[2]
Este escrito parece dirigido a toda la sociedad de su época, la cual basaba sus creencias en la teogonía y cosmogonía de Homero y  Hesíodo, mientras que Anaximandro intenta, por primera vez, ofrecer una visión basada en la ciencia de la naturaleza, en la razón para discernir. A partir de este proceso de phyisis y de razón ya se puede anunciar la Ciencia.           
La creencia de que los procesos naturales son producidos por la propia naturaleza y no por los dioses es de extrema importancia puesto que nos abre a la diferencia entre filosofía y mitología.
Por otra parte, muestra su desacuerdo con su amigo y maestro Tales, en cuanto a utilizar una sustancia primaria como arché, en este caso, el agua.  Como todo lo que deviene perece, no puede ser un principio por lo que Anaximandro propone un elemento inimaginable: lo que podría entenderse como el inicio de la metafísica.
ANALOGÍAS
Habla de cielos y mundos en plural. Esta concepción de innumerables mundos no se hace plausible hasta finales del  s. XX  cuando se demuestra la posibilidad teórica de esta afirmación.[3]
La materia primera de Aristóteles es pura indeterminación, desprovista de toda forma, solo perceptible por la inteligencia: la materia que es capaz de recibir cualquier determinación: la materia primera podría basarse en tò ápeiron.
También la materia caótica primordial con que trabaja el demiurgo de Platón tiene cierta similitud con tò ápeiron.

ARCHÉ
Anaximandro fue el primero en utilizar la arché en sentido filosófico como “un principio, un origen o un elemento, que está más allá de lo que es dado, más allá de las apariencias. Y que se distingue de toda teogonía o de toda concepción mítica por el hecho de que es impresentable”.[4] Fue el primero en llamar arché a tò ápeiron.
La arché “otorga inteligibilidad y estructura racional de lo real y, por tanto, racionalidad epistémica en el pensar […] Si no hubiera arché, solo habría generación, mito, génesis, acción confundida con producción, es decir, relatos y voluntades, y un mundo de hombres y dioses hechos a su imagen y semejanza”.[5]
Arché es aquello de donde derivan y en lo que se resuelven todas las cosas, es aquello que permanece inmutado incluso en las distintas formas que va adquiriendo.
Arché  es el “principio que puede definirse como aquello de lo cual provienen, aquello en lo que acaban y aquello por lo cual son y subsisten todas las cosas.

TÒ ÁPEIRON
Según Castoriadis, Tò ápeiron es para Anaximandro lo indeterminado/indeterminable, es lo que está en el principio de todas las cosas, aquello que no tiene límite (péirata), y aquello de lo cual no pude tenerse experiencia (peir).[6]
La idea que Anaximandro tiene es la siguiente: en el mundo existía una determinada proporción de fuego, tierra y agua, pero cada elemento (considerado como un dios) tiende continuamente a ensanchar su dominio. Hay, sin embargo, una especie de obligación o ley natural que restablece constantemente el equilibrio. Tal concepto de la justicia —de no sobrepasar los límites eternamente fijados— era una de las creencias más profundas de los griegos. Los dioses tenían que someterse a esta justicia lo mismo que los hombres.
Russell, escribe que Anaximandro poseía un argumento para demostrar que la sustancia primaria no podía ser agua ni ningún otro elemento conocido. Pues si uno fuese primario, hubiera conquistado a los demás.
 Según Aristóteles, Anaximandro decía que estos elementos conocidos se encuentran en lucha unos con otros « […] Y, por lo tanto, si uno de ellos fuese infinito, los demás ya no existirían».
La sustancia primaria debe ser, por consiguiente, neutral en esta lucha cósmica.[7]
Marzoa, relaciona tò ápeiron con el Ser, partiendo de  que, en griego, péras significa “límite”, es decir: de-terminación, definición, por tanto ser. “El ser no es esto o aquello, no es ningún ente, no es nada; aquello en, por y según lo cual es dado a cada cosa su lugar no puede tener a su vez lugar alguno; el principio de toda determinación ha de substraerse a toda determinación”.[8] Lo que abre las puertas de la metafísica.

CONCLUSIÓN
El hecho de que Anaximandro haga surgir las cosas justamente de un concepto que carece de toda forma –ya figura, ya eidos[9], ya límite– es la prueba más límpida de razonamiento que nos habla de la auténtica fundación de la filosofía.
Es probable que haya supuesto que el reino del lógos, lenguaje y razón, y el reino de las cosas, objetos y seres, sean idénticos. Recordemos el posterior fragmento de Parménides: “…pues lo mismo es pensar y ser”.[10]
Por tanto, “cosa limitada” se dice tanto de lo que hoy denominamos objetos físicos como de las ideas o incluso de las palabras.
Pese al intento de Platón de burlarse, por boca de Sócrates en el “Crátilo”, de una de las joyas del pensamiento presocrático, en cuanto a que tras el caos aparente existe una ley eterna que reestablece el equilibrio, según la teoría de la necesidad-justicia, hay que catalogarlo, como ya hiciera Nietzsche, como uno de los momentos más inspirados de la filosofía preplatónica.
Desde Anaximandro, la tradición occidental ha establecido un vínculo indisoluble entre lo axiológico y lo ontológico (Nietzsche. Los filósofos preplatónicos)

Bibliografía
-        Teresa Oñate y Zubía. El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje al inicio de occidente. Dykinson, Madrid, 2004.
-        Kirk, Raven y Schofield. Los filósofos presocráticos. Gredos, Madrid, 2014.
-        Cornelius Castoriadis. Lo que hace a Grecia I. Seminarios curso 1983.
-        Felipe Martínez Marzoa. Historia de la filosofía I. Akal, Madrid, 1994.
-        Bertrand Russell. Historia de la filosofía occidental I. Austral, Madrid, 2010.
Friedrich Nietzsche. Los filósofos preplatónicos. Trotta, Madrid, 2003.


[1] Teresa Oñate y Zubía. El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje al inicio de occidente. Dykinson, Madrid, 2004. Pág. 169

[2] Teresa Oñate y Zubía. El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje al inicio de occidente. Dykinson, Madrid, 2004. Pág. 45

[3] Simplicio. Fís. 24, 13; DK 12 a 9. Bertrand Russell., no puede más que remitirnos a la revista Scientific American, núm. 248 (febrero de 1983), "Science and the Citizen”, pp. 58 y 59 (“The inflationary universe”), que publica la demostración de la existencia teórica de un número indeterminado de universos.

[4] Castoriadis. Lo que hace a Grecia I. Seminario del 16 de Febrero de 1983. Pág. 54

[5] Teresa Oñate y Zubía. El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje al inicio de occidente. Dykinson, Madrid, 2004. CD-ROM Sección VII

[6] Castoriadis. Lo que hace a Grecia I. Seminario del 16 de Febrero de 1983. Pág. 54-55

[7] Bertrand Russell. Historia de la filosofía occidental I. Austral, versión digital.

[8] Felipe Martínez Marzoa. Historia de la filosofía I. Akal, Madrid, 1994.

[9] Indica el aspecto exterior con significado de "forma", "aspecto", "tipo" o "especie" que con Platón adquiere un significado filosófico: Teoría de las Formas.


[10]  Fragmento del poema de Parménides DK 28 B 3.

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